Al pensar en estrategias, en líneas conductoras y motoras de mi trabajo, siempre acabo pensando en la deriva. Es que este errabundeo, desinteresado pero atento, es siempre mi punto de partida; un recorrer como experiencia a través del cual se anima y agudiza una actitud contemplativa, sensible y de observación. La práctica del espacio público desencadena inevitablemente una apreciación de su experiencia, pudiendo ser esta desde incompleta, apacible o triste hasta silenciosa, sublime o violenta pasando por una melancólica, pesimista o fragmentaria según los espacios que atravesemos, según las ciudades que recorramos.
A partir de estas primeras apreciaciones y estímulos es que mi estrategia desarrolla ciertas prácticas, ciertas tácticas que buscan explorar y explotar estas sensaciones, exhibirlas, compartirlas… rescatar las pequeñas ciudades, las pequeñas historias; descubrirlas, estimular su propagación.
La toma como táctica de reapropiación de un espacio perdido se ejecuta a plena luz del día como gesto personal de una necesidad hecha política al ser llevada de manera consciente al espacio público. Su posterior registro y diferentes formas de exhibición son las tácticas de propagación, las estrategias de difusión para instar a una reflexión que gire en torno a la resistencia al borronamiento continuo de las pequeñas historias cada vez mas desplazadas por grandes y universales relatos, por un espacio oficial que se dice público y que sin embargo es cada vez mas privado.
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